martes, 21 de agosto de 2012

SITO FONS, UN BARRENDERO DE LUJO (Servando Gotor)

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Por fin despierta el babeante Warrnner. Bueno, en realidad lo he devuelto yo al Cuesco con un par de bofetadas bien dadas.

-          Gustavo, anda ven conmigo.  Ahí, a la esquina de la barra.  Quiero contarte algo.

Y le hablo del Sito Fons.  ¿Alguna vez te he hablado de él?  Es el Fonsi, el de los cigarrillos kool.  Sí, el de los mentolados.  En realidad yo no lo conozco, personalmente quiero decir.  Todo lo que sé de él es cosecha del Aliaga. 

Bueno pues verás.  El Sito Fons es el barrendero de Conde Aranda, que por cierto ahora con las obras igual lo han echado o se lo llevan a otro barrio.  A otro barrio, stricto sensu, quiero decir.  Sí,  porque con la calle remozada hasta los barrenderos van a desaparecer.  Al menos los barrenderos al estilo Fons.  Lo digo porque en las calles modernas, esas en las que hasta escupir da reparo, ya no se ve un basurero.  Aparece un tío montado en una maquineta que va limpiando las aceras automáticamente, pssshhhhhhh, psssshhhhhhh, y tienes que apartarte para que no te salpique, te atropelle, o te pegue un cepillao de zapatos de puta madre.  Nada que ver con lo de antes.  Trabajan cómodamente sentados, calefacción en invierno y aire acondicionado en los meses de calor.  Je, ¿te imaginas que fuera al reves, frío en diciembre y fuego en agosto?  Lo pagarían mejor, claro.  Pero a lo que voy.  El Fonsi es, o era, el barrendero de Conde Aranda.  Todo el día empujando su carro, con una colilla de kool entre los labios.  Al tío se lo rifan, porque es bueno de cojones.  Los alcaldes pedáneos van locos tras él.   Que si el domingo horas extras en Santa Isabel, que si esta madrugada puede dar un repaso a la plaza de Villamayor.  Que van a hacer baile en Garrapinillos y no será lo mismo si el Fonsi le da un repaso antes y otro, claro, después.  Fíjate, Gustavo, que hace dos años lo llamaron para Agosto a Madrid.  Que figuraba Woody Allen y su banda de Jazz en el programa de Los Veranos de la Villa y querían que el Fonsi lo dejara todo bien apañadito.  Bueno, pues tuvo un éxito clamoroso.  No  veas al tío con la escoba.  Qué porte.  Qué saber estar.  Qué zurdazos, derechazos, medias vueltas...  Hasta el salto de la rana hacía con el badil en la izquierda y el escobón en la diestra.  Incluso marcaba paquete con el traje de luces, quiero decir, con el chaleco fosforito, claro que desde luego tiene mucha más luz quela chaquetilla de un torero.  Algunos pensaron al principio que se trataba de un simple telonero, pero cuando Woody Allen lo llamó en los bises para que se uniera a la banda con su carro a modo de batería, bueno, para qué te voy a contar. Bastará con decirte que le han hecho firmar un contrato blindado para los próximos diez años.  Pero como el profesional es profesional, lo primero es lo primero.  Y lo primero es Conde Aranda.  Él  nunca abandonaría Conde Aranda, salvo que Conde Aranda, como todo parece augurar, lo abandone a él; pero eso es otro cantar.  A lo que iba.  Una vez le pusieron un ayudante jovencito, jovencito de estatura.  Servandito se llamaba.   Y te los encontrabas a los dos por cualquiera de las bocacalles de Conde Aranda, el Fonsi filosofando y el otro con la boca abierta escuchando al jefe, que siempre le hablaba del Maestro Ghot, del que incluso tenía un librito dedicado.  Le contaba maravillas de él.  Y decía que si algún día le tocara la loto dejaría la escoba y el carro y se dedicaría a la literatura.  Que tenía escritas algunas cosas pero necesitaba tiempo para hacer algo en serio.  Lo del carro, le decía al ayudante, lo del carro, amigo, pesa mucho.

-          Mecagüen los güevos, Walker, el rollo que me acabas de meter. Hagamos un pacto.  Tú me libras de más historias y yo renuncio a Troya.

-          No te digo que no, Gustavo.  Pero deja que te diga lo que le pasó el otro día al Aliaga en Conde Aranda. 

-          Por tus muertos te lo pido,  no.  No y mil veces no.  No me lo cuentes.

-          Como quieras.  Pero estaba el Sito en la tienda de lencería mixta, ahora todo es tibio,  para comprarse unos calzoncillos de franela y apareció por allí uno de la calle Cerezo y qué te crees que le dijo a la de la tienda.  Pues que quería unas bragas coloradas pa su novia. Amor mío, le dijo la braguera, si le regalas a tu novia unas bragas coloradas, no le pidas después que responda de su virtud, pero aquí el que paga manda. ¿Pues?, preguntó el de la calle Cerezo. Pues mira, cielo, siguió la lencera, te lo explico porque eres hombre y no te enteras. Si le regalas a tu novia… ¿cómo se llama? Andrés, respondió azorado. Jodo, si tu novia se llama Andrés no sigo, que no necesitas consejos. No, maña, Andrés soy yo, mi novia se llama Rufina. Jodo, si se llama Rufina tampoco sigo, que entonces necesitas demasiados consejos. Bueno, dijo el Andrés, se llama Rufina, pero yo la llamo Rufi. Eso ya está mejor, siguió la tendera. Pues mira, Andrés, si le regalas a la Rufi unas bragas coloradas, tú te pondrás como una moto cuando la veas, pero ella se pondrá como una moto aunque no te vea. No acabo yo… farfulló el Andrés. Pues a ver si acabas: ella se pondrá las bragas coloradas, ¿bien hasta aquí, pichón? Sí, dijo el Andrés. Y con bragas coloradas, que son lo más guerrero del mercado, tu novia Rufi se calzará a todo el que se le ponga delante, aunque sólo sea pa que le vea la lencería torera, del color de la sangre, las bragas del color de la muleta torera ¿Ya? Pues no, todavía no, respondió el Andrés. Ostia, dijo la tendera. ¿Ostia qué? preguntó el Andrés. Ostiaputa, terció la lencera. ¿Pues?, siguió el Andrés. A ver, majico, ¿a ti se te ha follao alguna mujer así como sin avisar, aquí te pillo aquí te mato? Pues… sí, mi tía Matilde, dijo el Andrés, parecía un maquinista de la Renfe, jodo. Muy bien, Andrés. Y ¿de qué color llevaba las bragas tu tía Matilde cuando se te folló a la brava?, siguió Puri, la tendera. Pues mira, ahora que lo dices llevaba unas bragas coloradas, qué casualidá. No hay forma, dijo la Puri, dándose casi por vencida. ¿Pues?, siguió el Andrés. Que si tu novia la Rufi se pone bragas coloradas, como tu tía Matilde aquel día que te folló como un maquinista de la General, tu novia la Rufi se follará a todo hombre o macho de cualquier especie, raza, condición y edad que encuentre a su paso, y si no encuentra a ninguno a su paso, lo buscará allá donde se esconda y se lo calzará sobre la propia, sin darle tiempo ni a apagar el cigarro. Pero si yo no fumo, respondió el Andrés. ¿De qué color querías las bragas para tu novia, Andrés, majo? Coloradas, dijo el Andrés. Marchando unas bragas coloradas para el señor y sea lo que dios quiera.



Servando Gotor
Cuescos

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