martes, 7 de noviembre de 2017

BÉLGICA ... Shhhhhh.... MUCHO QUE CALLAR: EL AUSCHWITZ OCULTO, EL GULAG SILENCIADO.






El horror era anterior a las dos guerras mundiales. Lo que ocurre es que se conocía poco, o no se quería conocer, o incluso conociéndose no se tenía por tal. Esa Europa "moderna" y "sepulcral" (de "sepulcro blanqueado" habla Conrad en la novela al referirse a Bruselas), esa Europa del progreso, la ciencia y el bienestar, esa Europa "moderna", causaba estragos en sus asentamientos coloniales en África (a veces auténticas propiedades privadas). Vargas Llosa, haciéndose eco de voces como las de los historiadores Adam Hochschild o Neal Ascherson, ha aireado y denunciado la injusticia que supone que el rey belga Leopoldo II no figure con Hitler y Stalin, como uno de los criminales políticos más sanguinarios del siglo XX. "Porque lo que hizo en el África, durante los veintiún años que duró el llamado Estado Libre del Congo (1885 a 1906) fraguado por él, equivale, en salvajismo genocida e inhumanidad, a los horrores del Holocausto y del Gulag". Las cifras son espeluznantes: entre cinco y ocho millones de nativos exterminados.
Pero ¿por qué ese silencio? ¿Por qué este olvido? Entre otras respuestas, por lo demás obvias, porque las víctimas no vivieron para contarlo, y porque sus familiares, sus descendientes, tampoco consiguieron progresar lo mínimo como para que sus voces fueran oídas. Exterminio, pues, y además pobreza, miseria y abandono total de la colonia engañada, saqueada y devastada.


Las Voces de Kurtz
Servando Gotor
En la edición de lecturas-hispanicas.com de
El corazón de las tinieblas
de Joseph Conrad






domingo, 8 de octubre de 2017

¿POR QUÉ NOS GUSTA MÁS LO INCONCLUSO? Porque no anula nuestro interior (Servando Gotor)

Copia del Augusto de Prima Porta de Tarragona. Pamplona. 2015
Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito

Lo decía Verlaine: lo que queremos, lo que nos va, es la sugerencia, el matiz. No la obra terminada. 
Es la diferencia entre lo erótico (sugerido, sin terminar) y lo pornográfico (totalmente terminado).
¿Y por qué nos gusta más la mera sugerencia? Porque no solo no anula sino que espolea nuestra imaginación, y entonces la obra la terminamos nosotros,  a nuestra medida.
Y esa es una de las claves del arte moderno: de la abstracción, de la obra abierta... Y por eso también valoramos más cuatro piedras de unas ruinas griegas que un edificio completo y terminado, repleto de luces y colores en Las Vegas. Las cuatro piedras nos permiten realizar el resto. El edificio de Las Vegas no nos permite nada. Su totalidad, su plenitud, nos abruma, nos anula.
Y por eso también es superior la poesía al resto de las artes: porque su única materia, la materia de un poema es, son, nuestros propios sueños. Lo decía Shakespeare en "La tempestad": el drama está hecho con la materia con que se hacen nuestros sueños. Y lo repitió John Houston en la voz de Bogart de "El Halcón Maltés", ¿Qué tiene ese maldito halcón? Que está hecho con la misma materia con que se forjan nuestros sueños. 
Por eso es superior la "Eneida" al también maravilloso grupo escultórico del Laocoonte. Lo adivinó Lessing: la poesía es superior a la pintura, es la mayor de las artes porque carece de límites. En la "Eneida" oímos el grito desgarrador de Laocoonte, mientras que en la escultura, ese grito se queda en una mera boca abierta... sin movimiento, sin voz... Sin nuestra voz interior. En silencio.


Servando Gotor


________

AL QUE LE INTERESE PROFUNDIZAR:

Sobre la policromía en Grecia:
"La ruptura de la serenidad. Apuntes sobre el reencuentro con la policromía monumental del pasado" (Jorge Rivas López).
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3341908.pdf

Sobre el arte:
G. Ephrain Leesing:  "Laocoonte. O sobre las fronteras entre la poesía y la pintura". Editora Nacional. Madrid, 1977.
Umberto Ecco: "Obra abierta". Planeta-Agostini. Barcelona, 1992.
G. Steiner: "Lenguaje y silencio". Gedisa. Barcelona, 2003.

Y sobre nuestro Augusto policromado:
http://augusto-imperator.blogspot.com.es/2015/03/la-policromia-del-augusto-de-prima-porta.html

jueves, 28 de septiembre de 2017

"METÁSTASIS". La última novela de Javier Iribarren






Acabo de leer la segunda novela de Javier Iribarren. En la primera (Interino, 2014), ya prometía, por supuesto, pero en esta se ha desatado y ha conseguido un trabajo que ronda la perfección. Y si en aquella aseguraba su autor que no habría película, esta parece un auténtico guión cinematográfico. Proyección (valga el término) que la propia narradora deja entrever en una de sus muchas confesiones.
Si la mirada de Iribarren  era ya muy crítica con la corrupción político/funcionarial en "Interino", aquí golpea de frente y sin miramientos a la responsabilidad principal: la de todos nosotros, la del hombre de a pie, la de la gran masa sumisa y obediente que sostiene este hipócrita sistema presidido por lo políticamente correcto. No deja títere con cabeza. Y todo con el humor corrosivo que ya asomaba en "Interino" pero que aquí se extrema con total acierto, lo que por lo demás y junto con muchas otras virtudes de la novela, hace que su lectura enganche y cueste interrumpirla.  Lo dicho, se mete con todos y con todo. Constituye un retrato perfecto del hombre-masa medio que la prensa y televisión moldean: el feliz idiota que no  es que no vea más allá de sus narices, sino que solo ve por las de los líderes sociales vacíos y de cartón piedra que nos dominan. "Quieren loros. Prohibido pensar". Aquí hay para todos. Sin miramientos, sin tonterías: a calzón quitado. Emplea términos que están en la calle pero con el micrófono abierto. Habla de pesebreros, por supuesto. Se refiere a los banqueros catalanes que usan y abusan de los empleados como los "putos catalanes"; alude a moros y charnegos; a maricas que alardean de serlo; al País Vasco, donde "la rueda nacionalista campa a sus anchas, señalando a los infieles que no comulgan con el credo" (el protagonista se suena los mocos con una ikurriña, diciendo que no es la primera vez que lo hace); a la plaga de nombres gilipollas que nos invade ("Manuel. No vacilamos con el nombre... queríamos huir de las tendencias, de ese dandismo paleto que predomina en los padres de hoy... ¿puede llegar a viejo alguien llamado Joel?"); a la fealdad de la vejez ("la edad se ensaña con las nalgas"), sin olvidarse de las nuevas tribus: los loser, los runner, los hipster, los pijipis... Si no llevas su uniforme... "Mi traje -dice el protagonista- desviste su fondo de rencor social". O a las modas/imposiciones pijas: desde el alquiler en grupo de casas rurales que suele acabar como el rosario de la aurora, hasta veranear en Zahara de los Atunes, pasando por  los juegos de mesa o el apadrinamiento de un niño... a distancia, claro; pagando unos eurillos al mes y recibiendo puntualmente una fotografía de... vaya usted a saber. Modas. Cosas que hay que hacer.
Lenguaje sin trabas, algo a lo que no estamos acostumbrados. Llamando, como se llama en la calle, por lo demás -aunque hasta eso está en peligro- a cada cosa por su nombre: "Fue un polvo más, incluso decepcionante. El primer tipo que pronunció '¡Vaya jaca!' debió de toparse con alguien como Annette. Su corpulencia entorpecía la unidad de acción que requiere el sexo compartido. Sí, fue decepcionante".
¿Y el contexto? ¿La historia?  Rabiosamente actual: el protagonista es un joven empleado de banca que se ha puesto las botas vendiendo preferentes... ¿Resultado? La ruina de muchas familias.  El padre de una de ellas, desesperado, se presenta en la oficina de aquel y le asesta un disparo. Nuestro hombre queda postrado en una cama. Y desde allí, con la colaboración profesional (lo que quiere decir, pagada) de una periodista que trabaja en un periódico que "no lo lee ni el Tato" y ha hecho sus pinitos literarios, urde dos tramas: la primera escribir una novela; la segunda no la desvelo porque afecta al desenlace final.
Así que estamos -y entro ahora en el estilo literario- en una novela dentro de una novela. Algo que por muy usado no deja de ser apasionante si se sabe hacer. Y aquí se sabe porque hay oficio. Evidentemente. De entrada, permite a sus personajes/coautores (el protagonista en cama y la periodista/narradora) establecer su particular visión sobre la forma de novelar; en definitiva, asentar sus personales poéticas. Así se avanza el comienzo (literariamente brutal) de la novela dentro de la novela. Merece la pena reseñarlo. El encamado protagonista lo recita mientras su colaboradora lo graba:
-Veintisiete minutos. El cura rogaba por el difunto, los viejos rogaban por el difunto, las nietas también rogaban por el difunto, pero a mí, el recuerdo de la tronca de la portada, con los pechos descubiertos y su sexo asilvestrado, me...
Llegados a este punto detuve la grabadora y me erguí con brusquedad del asiento.
-Un momento Luis, ¿qué?, ¿es?, ¿esto?
-¿Qué te pasa, Carlota? Siéntate.
-Pensaba que íbamos a hacer una biografía. ¡Joder! -exclamé alterada- ¿Quieres que escriba eso? ¿En serio? ¿Qué vas, de Bukowsky?
(...)
-Creo que te dejé claro que no era una biografía al uso. Es literatura...
Por lo demás, y en cuanto al autor, hace como Hitchcock: asomar el morro, al menos una vez de manera explícita. Porque implícitamente, quien ya lo ha leído, reconoce su sombra -y me niego a decir "alargada", a pesar de mi admiración por Delibes-; esa sombra que transita por por todos los rincones de la novela.
En fin, un relato veraz. Un auténtico retrato (como ya lo fue "Interino") de esta sociedad nuestra de neolenguaje y postverdad. Con un par. Como se dice aquí: al pan pan, y al vino vino. Y, en definitiva y como ya dijo el poeta (un tal Keats): belleza es verdad y verdad es belleza. Punto.

Servando Gotor

martes, 29 de agosto de 2017

ELOGIO A NARCISO






Aunque data de 2014, nos enteramos ahora. La generosidad, la discreción y la humildad de Narciso, como la de todos los grandes, había hecho que una más de sus importantes colaboraciones/aportaciones pasara inadvertida hasta para sus más cercanos seguidores (yo el primero). Lo  cierto es que me acabo de enterar por su querido primo Pepe, el famoso Pepe Arnau, persona y personaje querido, protagonista tantas veces de nuestras ficciones (las de Narciso y mías).

En fin, a lo que voy: en diciembre de 2013, se editó por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) la traducción al español de "La creatividad de la acción" de Hans Joas, sociólogo alemán de la Universidad de Chicago. "No es este un libro ordinario -dice en la presentación su traductor Sánchez de la Yncera-. Es una guía de tono mayor, un faro de la sociología actual. Veo en él un ejemplo excelente, verdaderamente logrado, de responsable desempeño del intento de aprender y de enseñar a mirar -a mirarnos- mejor; un rendimiento excepcional en ese cometido de primer orden en los prolegómenos de la sociología".

Bueno, como el contenido es bastante técnico y aquí lo que nos interesa es Narciso, voy al grano. Esto dice de él Sánchez de la Yncera,  en los agradecimientos:
Y he tenido la fortuna de contar también en este caso en un generoso y gratuito ejercicio de su amistad incompensable con la preciosa ayuda de Narciso de Alfonso Arnau, escritor de primer orden y amigo del alma, que corrigió, de arriba abajo, con paciencia, diligencia y un cuidado inexplicables, el estilo de un texto borrador retorcido, donde mi escritura había medido su elasticidad para traducir el exigente texto alemán de Joas, con la necesidad de absorber en grandes partes del libro, y en la mayor medida posible, el estupendo trabajo previo, expreso o subyacente, del profesor Pedro Cordero. Si el texto necesitaba un buen pulimento, acabó enriquecido con el resplandeciente, admirable sentido del lenguaje de Narciso, el mejor escritor y pensador de la luz más viva que conozco.  (p. 52).
Nada nuevo: Narciso. Siempre esencial, siempre gratuito, siempre generoso... como el genio que es. Ya lo ha dicho (adelantándose) Concha (que también se ha enterado por Pepe Arnau) en una nota perdida por ahí, comparándolo con Pessoa...

En fin, creo que, al final, pasaré a la historia de las humanidades como autor de un perpetuo  "Elogio a Narciso", no sé si por escribir o ya escrito entre líneas, entre años...

Y ahí me quedo...




Servando Gotor

viernes, 30 de junio de 2017

REFLEXIONES DE DON CLEOFÁS





Don Cleofás es un jubilado algo solitario con el que coincido muchas veces en el bar de mi calle. Cuando tengo tiempo siempre pego la hebra con él. Mejor dicho, él pega la hebra conmigo, porque yo suelo escucharle, siempre tiene una visión particular de las cosas. Dice que así como otros practican algún deporte, como correr o jugar al tenis, él practica el deporte de pensar, y, puedo asegurarles que lo hace bastante bien y logra algo poco corriente: opiniones propias.

Don Cleofás sabe que está asistiendo al nacimiento de una nueva sociedad. Una sociedad que ya no será la suya y en la que será un meteco durante el tiempo en que en ella more. Una sociedad que le recuerda vagamente al mundo feliz que describiera Aldous Huxley y que tanto le impactó cuando leyó esta novela en su juventud. La crisis que ha azotado con tanta intensidad a Europa, y en menor medida EE. UU., mientras grandes porciones de Asia, China e India sobre todo, vivían el periodo de mayor crecimiento económico de su historia, junto al fenómeno de la revolución tecnológica (uno de los principales factores) ha cambiado totalmente lo que se creía el curso de la historia.

Una sociedad donde el individuo creerá vivir un mundo de gran libertad: desaparición de muchos convencionalismos sociales, gran permisividad en materia sexual y aceptación de uniones entre personas del mismo sexo, desaparición del concepto de fidelidad dentro de la relación, así como total desenfado en el vestir y en las relaciones entre los individuos. En fin, migajas de libertad, pero que proporcionan, en la superficie, la sensación de que se vive una libertad nunca vista hasta ahora. Frente a esto, a poco que se piense notaremos, que en realidad, vivimos encorsetados por una fuerte censura social ante los grandes temas, que se consideran tabú, y ni siquiera cabe cuestionarlos. La opinión mayoritaria en  cuestiones fundamentales se nos impondrá inquisitorialmente, quien se atreva a no aceptarla, o, simplemente, a discutirla se enfrenta al rechazo de toda la sociedad.

El individuo, que solo existe si se le permite su libre albedrío, su independencia y libertad, está gravemente amenazado, será sustituido por la masa. Zacarías sabe que esto se ha predicado de otros momentos, pero, seguramente, ha llegado el tiempo en que se cumplan las profecías.

Por una parte, la robotización y el tratamiento masivo de datos, que descargan de labores al ciudadano y deberían de abrir la puerta a un mundo idílico de gentes exentas del castigo del trabajo, gozando de mucho tiempo libre para dedicarlo a sus aficiones o al mero ocio, no están contribuyendo precisamente a esto, sino, como en la época del manchesterismo, a la masiva destrucción de puestos de trabajo y a la aparición de masas sin empleo o con trabajos precarios obligadas a proyectos de vida provisionales, carentes del imprescindible sustento económico para gozar de una verdadera libertad.

No hay que esperar que la Universidad forme a personas con buena cultura y pensamiento independiente. La masificación de la universidad no lo permitiría, y, además, no va a ser esa su función. Aparte de ser un almacén de jóvenes donde retenerlos el mayor tiempo posible, el mercado laboral se estrecha y la Universidad hace las veces de pantano de la masa laboral, la sociedad no cree necesitar elites muy cultivadas, sino mano de obra que se acople fácilmente a las herramientas tecnológicas (¿qué arquitecto sigue calculando a mano la estructura necesaria para una construcción, por poner un ejemplo?) y que sea versátil y buen comunicador. Recientemente, don Cleofás ha leído un artículo en el que un catedrático se lamentaba de como en la universidad no podían emitirse opiniones contrarias a lo políticamente correcto, ni siquiera como materia de discusión: la esencia de la universidad, manifestaba, ha sido el ser foro de debate de todos los conceptos en que se basa, no solo la ciencia, sino, toda la cultura en general. Esa es una concepción medieval de la Universidad, aquella que no solo era una isla de libertada espiritual, si no que gozaba de fuero especial, de extra jurisdicción.

El pensamiento único se impondrá y ni siquiera será necesaria la coerción de un poder superior, sino por el medio más sutil de la reprobación por el grueso de la sociedad de lo que se considere una desviación. Las redes sociales se encargarán de difundir el pensamiento ortodoxo en las cosas principales, mientras que en lo accesorio, esas mismas redes, permitiendo todo tipo de ocurrencias, serán las encargadas de mostrar la gran libertad y permisividad social de que se goza.

La intimidad del individuo está gravemente amenazada. A ello ha contribuido el fenómeno del terrorismo. So pretexto de velar por la seguridad de la sociedad se captan y analizan millones de conversaciones, de comunicaciones de todo tipo. El Fisco y la Banca hacen el resto, el manejo de efectivo, con la excusa de luchar contra el fraude fiscal y los negocios ilícitos, se restringe y se obliga a realizar todas las transacciones a través de las instituciones bancarias (que aprovechan la ocasión para embolsarse sustanciosas comisiones) todos los movimientos quedan registrados, archivados, estudiados. Toda la vida de un individuo, incluso su personalidad, puede rastrearse a través de sus compras y gastos. Los teléfonos móviles registran nuestros pasos, qué lugares visitamos y en qué momentos del día; nuestras conversaciones quedan registradas. En fin, la intimidad queda totalmente vulnerada. La persona queda reducida a una célula del gran individuo que es la sociedad.

A. Envid

miércoles, 22 de marzo de 2017

ERES TÚ, SOY YO (Alberto Solomando)


Una chica se sienta a mi lado en el metro. Me encojo en mi asiento y junto bien las piernas, las manos sobre las rodillas. Intento estrecharme para evitar que nos toquemos. La miro de reojo: es más joven que yo, muy delgada, con algo de acné en las mejillas. No la definiría como atractiva, ni tampoco guapa, pero tiene una belleza gestual que me atrae: el modo en que gesticula al hablar por teléfono, las líneas que se dibujan desde las aletas de la nariz hasta las comisuras de sus labios, las arrugas que parten del rabillo de sus ojos cuando los entrecierra. Hay una chispa en sus movimientos que imagino que se perderá al capturarla en una fotografía.
—Perdona, ¿te puedo hacer una foto? —le digo.
Me mira un instante y retira el móvil de su oreja. Después tapa el micrófono con la mano.
—¿Qué?
Estoy a punto de echarme atrás, pero levanto mi teléfono y lo señalo con el índice.
—Una foto…
La petición la desconcierta. Tarda un segundo en reaccionar.
—Eh… sí, supongo.
La enfoco. Sonríe incómoda, con el móvil todavía pegado en la oreja. Espero unos segundos más de los necesarios y deja de posar. Mejor. Quiero ese «algo» que no sé si se podrá capturar. Le han dicho algo gracioso, se ríe y se tira del flequillo. Saco la foto.
—Gracias.
—Ya, sí —me contesta, y continúa hablando por teléfono removiéndose en su asiento.
Pasado un minuto se levanta y se sienta en la fila de enfrente. Me mira de vez en cuando con disimulo.
Desbloqueo el móvil y me concentro en la foto, que desmonta mis impresiones previas: su belleza gestual sigue ahí, congelada. Definitivamente es atractiva. Supongo que hay aspectos de la belleza que no se reflejan en una cualidad física concreta. Son un mosaico de gestos y expresiones que pintan rastros borrosos. No los podemos seguir, pero los percibimos.
—Estaba pensando… He cambiado de opinión —dice.
Levanto la cabeza y está frente a mí. Bloqueo el móvil, pero ha debido darse cuenta de que estaba mirando su foto.
—No quiero que tengas una foto mía. Bórrala, por favor.
—¿Qué? ¿Por qué? No voy a hacer nada con ella.
Se encoge de hombros.
—No importa. Por favor, bórrala.
Abro la boca sin saber bien qué decir. Me doy cuenta de que estoy gesticulando en silencio.
—P-pero… estamos en el metro, es un lugar público… Podría haberte sacado la foto sin que te dieras cuenta. He querido ser educado y pedirte permiso. No entiendo cuál es el problema.
Niega antes de contestar.
—Me parece raro, ¿vale? No te conozco de nada y de repente me sacas una foto. No quiero que la tengas.
—No me conoces de nada… vale —Hago una pausa para concentrarme en lo que voy a decir—. Me llamo Ángel, estudio Comunicación Audiovisual en la Complutense. Estoy aquí con una beca, pero trabajo de camarero los fines de semana para sacarme un poco más. Fumo más de lo que me gustaría y tengo debilidad por la comida mexicana. Encantado de conocerte.
Le tiendo la mano. La mira un segundo y la estrecha con poca convicción, sin cambiar de expresión.
—Muy bien. ¿Puedes borrar la foto?
Retiro la mano. Está claro que no hay nada que hacer.
—Sí…
—¿Puedes hacerlo delante de mí?
—Claro.
Desbloqueo el móvil y ahí está la foto. Los dos la contemplamos. Me siento orgulloso. Su imagen habla de ella y del momento. Era lo que quería. Quiero pensar que, tal vez, también dice algo de mí.
—¿Sabes? Creo que nunca he salido tan bien en ninguna foto. —Se vuelve a sentar a mi lado y acerca la cara a la pantalla de mi móvil. Duda un instante antes de volver a hablar. —¿Puedes…? ¿Puedes enviármela?
La miro un momento.
—¿Y luego la borro?
—… Y luego la borras.
Me da su número de teléfono y le envío la foto. Después la borro sin más ceremonias. Al fin y al cabo, nada es para siempre.
—Me imagino que querrás que borre tu número también.
Ella se levanta y se acerca a las puertas. Debemos estar cerca de su parada. Me sonríe antes de contestar.
—El número lo puedes guardar.
Hace un gesto con la mano y yo lo correspondo. Sale del metro y vuelvo a quedarme solo entre la multitud. No puedo evitar sonreír.


Del blog de:

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